
Estoy entre que me muero de la risa o me instalo en la indignación. Me han castigado. ¡Qué risa! Eso no pasaba desde que tenía... esperen, ¡nunca! Les cuento que hace unos días me encontraba en un bar muy contentita cuando conocí a un fulano con el que me puse a platicar un largo rato. Con el transcurso de la noche, las feromonas hicieron su trabajo y me robó un beso que yo acepté. Nada grave, fuera de lo normal, condenable o inmoral; por lo menos no en exceso. Más tarde decidí quedarme en el bar mientras mi ligue de la noche se iba. En ese momento conocí a alguien más, un chavo que después de preguntar si aquel que partía era mi novio y obtener un no como respuesta me besó sin más. Me agarró totalmente desprevenida pero debo admitir que la sorpresa no fue para nada desagradable. Como consecuencia, nada. Regresé a mi casa y fui a dormir. Todo bien, hasta hoy. Hace un rato platicaba con la encargada del bar, quien resulta ser mi amiga y me dio la mala noticia (ja, ja, ja). Tuvo algunos problemas con la jefa y la despidieron este lunes, la situación era irremediable. Hoy la llamaron y le devolvieron su trabajo (claro, sin ella no dan una) pero bajo ciertas condiciones, una de las cuales es que SI vuelvo a ir (eso me sono como a "mejor que no vuelva") no puedo volverme a comportar de la manera en que lo hice el sábado. Yo me pregunto, ¿y qué demonios tengo yo que ver en el asunto? Más aún, es un bar en el que pasan cosas verdaderamente peores todos los días por las que no regañan a nadie (no pregunten por qué corrieron a mi amiga), claro son clientes y hay que cuidar el negocio. Y digo yo, ¿y yo que soy? ¡Pues soy un cliente, ni más ni menos! ¿A cuenta de qué la mujer puede negociar mi conducta con sus empleados? Me sorprende verdaderamente el asunto, pero ni modo a reír se ha dicho.

1 comentario:
HAHA esto si q me dió risa... pues ya ves, mas bien la envidia corroe a las personas. Ahora si q lo bailado nadie te lo quita.
Publicar un comentario