lunes, 24 de diciembre de 2007

Hace unas horas

Debo decir que en este momento muero por fumarme un cigarro o dos y tomarme un litro de Coca-Cola. Creo que sólo una cosa podría hacerme más feliz en este momento, ¿por qué? Simplemente porque hace menos de 24 horas dejé de fumar y de tomar Coca-Cola. Y claro, todos dirán que todavía no puedo decir que lo dejé y probablemente tengan razón, pero yo quiero ser positiva.


A la mayoría de quienes me conocen debe sorprenderles mucho esta decisión, incluso a mí me sorprende. Sin embargo hace unos días consideré que era necesario hacerlo para que el cambio que he venido haciendo con mi vida últimamente esté completo. Hace unos meses tuve una epifanía sorprendente y decidí hacer mejoras, decidí quererme más y madurar un poco. Por supuesto, todo esto es una obra en construcción pero de verdad creo que muchos no me reconocerían.
La primera foto, tomada hace un año exactamente (24/12/06) , la segunda hace unos minutos (24/12/07) disculpen la menor felicidad del día de hoy, pero de verdad quiero un cigarro.

martes, 3 de julio de 2007

Amor del bueno...

Próximamente aquí...

Dragón de dos reinos

Había una vez un reino con dos o más princesas. Sí, eran muchas, pero por el momento centraremos nuestra atención en sólo dos. La primera soy yo, y me menciono primero porque soy la mayor. La segunda princesa en cuestión es Paula. Paula y yo vivimos durante mucho tiempo en el mismo reino, compartiendo algo más que juegos, algo más que la cama y el baño cuando nos visitábamos. Paula y yo compartimos la vida, no necesitábamos hablar para contarnos historias y pasábamos horas imaginando juegos, ya fueran sólo nuestros o los compartiéramos con nuestros hermanos. Un día Paula cambió de reino, partió hacia un castillo lejano. Nada cambió: cartas, llamadas, visitas; todo igual, pero con menor frecuencia. Paula no era mi amiga ni mi hermana, pero la relación entre nosotras, nuestro amor sólo pueden ser parcialmente comparados con los que se tienen con una amiga o con una hermana. No era mi hermana porque es mi prima y no era mi amiga porque nuestra intimidad era distinta, superior: no nos contábamos nuestros grandes secretos, no lo necesitábamos; no teníamos pláticas filosóficas, no discutíamos el pasado, no teníamos ninguna de esas conversaciones que tienen las mejores amigas, platicábamos del día a día, del plan para la noche; nuestras vcoces se utilizaban sólo en juegos o trivialidades, porque lo íntimo lo sabíamos y lo demás no era importante.

Hace como nueve años que no sé nada de Paula, bueno sólo lo que me han contado casualmente el resto de las princesas. La alianza que unía a nuestra familia fue rota y por más que prometiéramos llamarnos y obviar las diferencias no pudimos. Un dragón la atrapó en la torre de su castillo. Hoy soñé con Paula y en el sueño me reclamaba el no haberla buscado en su torre, me reclamó el no preocuparme por el dragón que la acechaba. En ese momento, después de casi diez años sin verla me dí cuenta, su dragón es el mismo que el mío y se lo hice saber. El darme cuenta de tan obvia verdad me dio gran poder. Verán, éste es un dragón fácil de vencer si se conoce, si te alejas un poco para darte cuenta del color de su piel (las cosas muy de cerca son tan invisibles como cualquier punto más allá del horizonte); el color de mi dragón es el de la estupidez, el de la solidaridad y la fidelidad indiscriminadas, el de la falta de diplomacia para lograr ser amigo de los enemigos de tus amigos (aunque suene a trabalenguas). Ahora que lo pienso, yo no rompí ninguna alianza, pero por ser fiel a mi reino perdí a la mejor amiga y a la mejor hermana que ninguna amiga y ninguna hermana jamás podrán ser sin darme cuenta que de quererlo podría tener ambos. En cuanto publique esta entrada tomaré el teléfono y llamaré a Paula.

jueves, 28 de junio de 2007

Exposición

Fue en Noviembre del año pasado que este blog fue creado y desde entonces nunca había tenido una entrada real. Sin embargo, por alguna razón nunca me decidí a borrarlo, ¿por qué? La respuesta puede resultar algo confusa, sinceramente hace un tiempo ya que deseaba volver a escribir. Las épocas mejores de mi vida han tenido entre otras cosas la escritura como un factor común.

Desafortunadamente, en el momento de enfrentarme al teclado y a mi primer entrada me paralicé. La idea de estar repentinamente expuesta al mundo para ser analizada no me pareció ni remotamente atractiva y sinceramente me dio miedo. Miedo, ¿yo?, si supuestamente no me importaba lo que la gente pensara de mí. Pues me he dado cuenta, sí, me importa. No se me vayan a poner locos, no me refiero a que base mi vida en "el qué dirán" y siga los lineamientos de la opinión popular de manera estricta y sin cuestionamientos. Precisamente todo lo contrario, resulta pues, que me interesa, mas no me preocupa, la opinión de los otros como fuente de sabiduría, como catalizador para el análisis (de mis ideas, mis opiniones e incluso de mi estilo de vida) y en el peor de los casos para reirme un rato.

Así, me negué a exponerme no porque la exposición pudiera generar opiniones acerca de cualquier cosa que escribiera en este blog; sino precisamente porque esas opiniones pudieran hacerme cuestionar lo que en ese momento estaba pensando. En resumen, pasé por un periodo en el que meramente me dedicaba a existir, y no en un sentido precisamente cartesiano. Por lo tanto, pensar, cuestionar mi existencia, mis opiniones, mis actitudes, mis andares, estaba definitivamente fuera de cuestión. Dice mi mamá que eso se llama depresión, probablemente. Y seguramente fue provocada por la falta de actividad intelectual, vaya círculo vicioso en el que me metí: curando la inactividad con más inactividad...

La buena noticia, al menos para mí lo es, es que he vuelto y me siento feliz por eso.